De la brutal tormenta que anegó la vega de Gajanejos

Un joven Luis Monje Ciruelo, corresponsal en Guadalajara del diario ABC, relata como en GajanejosArgecillaCaspueñas y otros pueblos de la zona, una gran tormenta arruina las cosechas. En el caso de Gajanejos, esta gran tormenta, que llegó a anegar la vega, se recuerda aún hoy. Os detallamos a continuación el texto íntegro. 

GUADALAJARA

LAS TORMENTAS Y EL SEGURO DE COSECHAS

Guadalajara 12 (de nuestro corresponsal). Como todos los años, invariablemente, las tormentas han hecho su temible aparición sobre la dorada topografía cerealista de la provincia. Coinciden precisamente con la máxima madurez de los cereales, cuando la espiga en sazón más fácilmente puede perder sus granos al ser golpeada por el granizo. En diez minutos hemos visto más de una vez perderse cosechas prometedoras que tardaron en hacerse nueve meses. En un instante muchos labradores pasan todos los años de la gozosa esperanza de una buena cosecha al doloroso estupor de una ruina casi total.

Y esto les sucede todos los veranos a un buen número de campesinos, seguramente a varios miles. En Guadalajara hay ya por lo menos media docena de pueblos  a los que las tormentas les han causado grandes pérdidas este año. Posiblemente asciendan a tres o cuatro millones, cantidad que si como valor absoluto no parece importante, como valor relativo supone el hundimiento económico de muchas modestas familias que esperan cada año el trigo de la cosecha para saldar deudas y efectuar pagos inaplazables.

Hace unas pocas semanas una sola tormenta, de cuyo paso hemos tenido la curiosidad de hacer un balance mediante los partes de la Benemérita remitidos al gobernador civil, causó daños irreparables en varios términos municipales. Se desplazó de NO. a SE. a lo largo de unos cincuenta kilómetros, en plena Alcarria: en Argecilla un rayo mató doscientas reses lanares e hirió a ciento treinta y ocho, con pérdidas valoradas en más de doscientas mil pesetas. Su propietario las tenía sin asegurar. En Gajanejos el granizo asoló una ancha franja del término y la arroyada que causó la tormenta inundó toda la vega y destruyó sus cultivos. No han sido valoradas las pérdidas, pero rebasarán el medio millón de pesetas.

En Caspueñas arrasó ciento cincuenta hectáreas de cereales el granizo y el arroyo Ungría destrozó los sembrados de judías y patatas de su vega; en Valdegrudas ocurrió lo mismo en setenta hectáreas de cereales y en la vega del arroyo Matayeguas. Los daños superan en estos dos términos el millón doscientas mil pesetas. La misma tormenta unos kilómetros más abajo causó la muerte de un campesino en Valfermoso del Tajuña, sobre el que cayó una chispa eléctrica, cuando se dedicaba a las faenas de la recolección.

Como esta tormenta hay muchas todos los años en España. Y si bien para salvar vidas humanas no hay más que la relatividad de unas precauciones divulgadas por lo meteorólogos, para evitar las pérdidas de cosechas producidas por las tormentas y otros riesgos no hay más solución que el seguro. En este sentido hemos escuchado a numerosos labradores su deseo de que se estableciera un seguro de cosechas colectivas, que resultaría más económico que el individual, hasta ahora excesivamente oneroso. El Servicio Nacional del Trigo, dicen, podría ser la entidad encargada de concertar este seguro, bien con empresas aseguradoras o con la propia Dirección General de Seguro directamente. Al agricultor no le importaría que le descontaran unos céntimos de cada kilo de trigo con tal de verse libre de los temores de las tormentas. No sabemos si esto será factible, pero hemos creido interesante recoger la sugerencia.

Luis MONGE CIRUELO

Un rey inglés en Gajanejos…

Una vez más, gracias a la hemeroteca del diario ABC, y a la colaboración de Marta Barbancho, que nos ha hecho llegar el recorte de prensa, compartimos con vosotros una curiosa mención de nuestro pueblo, Gajanejos, en la prensa nacional. 

En ste caso se trata de un curioso reportaje, publicado en el diario ABC el dia 7 de octubre de 1970, y firmado por J. Antonio Cánovas del Castillo, en el que se relata como, allá por el año 1719, el rey de España, Felipe V, aloja a Jacobo III, su futuro cuñado y monarca inglés, en las localidades de Gajanejos Alcolea del Pinar, entre otras. Hasta aquí la noticia quedaría más bien en anécdota… imaginándonos que el monarca hizo, durante su viaje, ciertas paradas que, fruto de la casualidad, vinieron a tener lugar en Gajanejos. Pero lo curioso de este recorte de prensa no es tanto la parada del rey en nuestra “aldea” como la descripción que de la misma, al igual que de Alcolea del Pinar, hace el autor del reportaje. No escatima en descalificaciones, por no entrar en los errores de documentación cometidos… todo un insulto a los dos pequeños municipios, en la mayor parte de los casos sin conocimiento de causa.

Habla primero de lo insólito de la parada en Alcolea del Pinar, arguyendo que lo correcto hubiese sido hacer en este pueblo una parada de minutos, y no de un día entero. Pero al parecer, más aún que en el caso de Alcolea, le enerva la visita a Gajanejos “El asombro sube de punto al saber que luego fue desde Alcolea del Pinar a Gajanejos, donde permaneció todo el dia 24 de marzo”. No sólo declara abiertamente que ni Alcolea ni Gajanejos tienen interés alguno a nivel monumental, paisajístico ó industrial, sino que llega a afirmar que de hecho Gajanejos “ya no existe”. 

Aprovechando el sermón de descalificaciones y despropósitos, el autor del artículo extiende sus comentarios a toda la comarca: “la ruta que desde Medinaceli baja hasta Torija Guadalajara es una de las más antiturísticas de España”, proponiendo como alternativa turística la sustitución de Alcolea por Sigüenza y de Gajanejos por Brihuega.

Pero seguramente lo más irrisorio del reportaje sea el final… en el que el autor, con espíritu conciliador, habla “afanoso de no provocar los consabidos resquemores locales” de las “virtudes de sus habitantes, la belleza de sus mujeres y su típica cocina regional”. Esto último parece que de hecho está demostrado… con la “cuenta” que el rey de España tuvo que abonar por la comilona que el monarca inglés se pegó en Alcolea. En fin… un escrito turbulento, lejano, que no denota sino el desconocimiento del tema que se trata… sólo hubiese necesitado acercarse a la Casa de Piedra de Alcolea, o al barranco de La Nevera de Gajanejos, para ver cuán equivocado estaba.

Os facilitamos a continuación el artículo íntegro, para que podáis opinar y juzgar por vosotros mismos: 

UN REY EN ALCOLEA DEL PINAR 

Y no me refiero a la Majestad de Don Alfonso XIII, que, ya en época automovilística, hizo un alto, viajando a Barcelona, para tener el simpático gesto de imponer personalmente la Medalla de Oro del Trabajo al modesto campesino que, con un pico por todo instrumento, supo hacer pacientemente una vivienda para su numerosa familia.  

Una placa de mármol sobre la fachada de “La Casa de Piedra”, de Alcolea, evoca así la efemérides: 

“A Lino Bueno, 
que trabajó 20 años
en sus horas libres
para hacer del peñón una vivienda. 
Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII
y el General Primo de Rivera
visitaron esta casa el 5 de junio de 1928″. 

Lo sorprendente, en verdad, es que visitara Alcolea del Pinar un Rey de Inglaterra, recibido como tal, en el curso de un viaje oficial a nuestra Patria y en época que los medios usuales de transporte eran la diligencia o la carroza o la silla de manos. Y saberle hacer allí un alto no de breves minutos, sino de la jornada completa del 23 de marzo de 1719. 

Me refiero a Jacobo III Estuardo, hermano de la Reina Ana, que nos usurpara Gibraltar, invitado a venir a España por nuestro Rey Felipe V para negociar la emprendedora acción política exterior del cardenal Alberoni contra Jorge I de Hannover, primo segundo del dicho Rey Jacobo. 

El asombro sube de punto al saber que luego fue desde Alcolea del Pinar a Gajanejos, donde permaneció todo el dia 24 de marzo. 

Alcolea del PInar es una simple calle (después, doble, y a uno de sus lados, triple) formada en la intersección de unos caminos secundarios con una carretera que ahora, al desviarse, deja al núcleo sin su primitiva razón de ser. Y Gajanejos es harto menos aún. Ya no existe, por haberse destruido en 1938 al quedar en “tierra de nadie” desde marzo de 1937, habiéndose construido en 1939 un “Nuevo Gajanejos” a cierta distancia del anterior, para situarlo junto a la carretera general, que pasaba a cierta distancia del antiguo. 

Huelga decir que ninguno de ambos pueblos tiene, ni menos aún entonces tenía, cosa alguna susceptible de llamar la atención, como no sea la Guardia Civil de Tráfico. Absolutamente nada es digno allí de admiración económica o fabril, ni artística o monumental, ni urbana, ni paisajística siquiera. 

En efecto, la ruta que desde Medinaceli baja hasta Torija y Guadalajara es una de las más antiturísticas de España: dejando a un lado las “alcarrias” o pequeños valles de Sigüenza, Peregrina, Jadraque, Argecilla, Valfermoso de las Monjas y Muduex, y en el lado opuesto las pintorescas vegas de Cifuentes y de Brihuega (“el jardin de la Alcarria”, por antonomasia), el camino recorre, casi rectilíneo, un seco páramo que a trechos parece desértica tundra. Ni siquiera las verdes manchas de Barbatona y de Hortezuela de Océn se divisan apenas desde la árida estepa escogida por tal ruta, a pesar del nombre de Alcolea del Pinar. 

El iluste historiador Layna Serrano, enamorado con toda justicia de su Alcarria nativa, apunta repetidamente este contraste, que provoca una falsa impresión en quien cruza la comarca solamente por la ruta de Alcolea hasta Trijueque, sin asomarse a bordes de valles tan rientes y atractivos como los citados. 

Falsa impresión, pero penosa tan evidentemente cual me lo acreditaba no hace mucho una familia francesa que almorzaba en la venta de Almadrones: 
– Dites, monsieur, et toute la rout est-elle comme ça?

¿Cómo es posible que el alto oficial encargado por Felipe V del plan de viaje y aposentamiento del Monarca británico trazara tan deslavazado itinerario, que hubiera merecido la desaprobación de la menos competente agencia turística actual?. ¿Por qué no aligeró esas jornadas, limitando el “alto en el camino” a un mero relevo de caballos, o sustituyó la jornada de Alcolea por otra en la monumental Sigüenza, y la de Gajanejos por otra en la próxima y encantadora Brihuega, que le hubiera permitido cruzar el campo de Villaviciosa, escenario de la entonces recentísima victorial qeu asentó sobre el Trono de España al primer Borbón?. 

O bien, ¿por qué no sustituyó el siempre paupérrimo Gajanejos por el entonces habitable y siempre bello castillo de Jadraque, donde hacía entonces poco que Isabel de Farnesio recibió -y despidió- a la un dia todopoderosa princesa de los Ursinos?. 

Recuérdese, en efecto, que en 1719 no estaba aún trazada definitivamente la carretera actual de Madrid a Zaragoza y Barcelona, cual lo prueban los esfuerzos del obispo seguntino don Juan Díaz de la Guerra, entre 1777 y 1801, quien ofreció al Rey “abrir a su costa, en todo el tránsito de su diócesis, las carreteras de Aragón y de Navarra, bajo la conidición de que Sigüenza fuese el punto de confluencia”, y comprendiendo acertadamente que el futuro, humilde o próspero, de su ciudad dependeria de que quedarse viariamente aislada o relacionada directamente con las principales urbes de España. Oferta que fue aceptada por Carlos IV, en virtud de lo cual se iniciaron en 1798 las obras, que quedaron interrumpidas en 1801 al morir dicho ilustre prelado, trazándose la carretera desde Almadrones hasta Alcolea del Pinar en 1825, “sin apreciarse como debía la importancia del camino abierto por el citado obispo”. 

La torpeza en la elección de las etapas y alojamientos para nuestro egregio visitante sorprende menos recordando que tenía precedentes en nuestro país. Destaca entre los mismos el hecho de “alojar” en castillos tan pobretones y lugares tan poco atractivos como Santorcaz o Torrejón de Velasco, etc., a un Rey tan epicúreo como Francisco I, constructor de los más bellos castillos-palacios de Francia, como el de Chambord, el gran patio del castillo de Bicis con la célebre escalera circular, obra suprema del Renacimiento francés, o las bellísimas ampliaciones en Fontainebleau y de Saint Germain en Laye, entre otros, siendo, sin duda, el más grande constructor entre los Reyes de Francia, después de Luis XIV. 

Y no es disculpa el que se tratara del prisionero de Pavía, puesto que su estancia en el casi vergonzante castillo de Torrejón de Velasco (situado por cierto a poquísima distancia del riente castillo de Garcilaso, en Batres), fue en víspera de su matrimonio con la Reina viuda de Portugal, doña Leonor, hermana de Carlos V, no siendo ya, por ende, tratado como prisionero quien estaba a punto de trocarse su cuñado. 

Salvando las distancias y los tiempos, sorprenden, empero, las “jornadas” de un Rey de Inglaterra, en la veintena de su edad, y aún célibe (no obstante su compromiso con la princesa Clementina Sobiesky, hija del Rey Juan III de Polonia) en lugares tan inhóspitos como Alcolea del Pinar y Gajanejos. 

Personalmente, creo que esas jornadas de “pensión completa” en tan poco adecuados como innecesarios “altos en el camino”, fueron una sutil maniobra política de Felipe V y el cardenal Alberoni para no comprometer al erario español en su ya larga ayuda a la causa de los jacobitas. Tras la cooperación española en la expedición de 1715, y la que se preparaba para 1719, en el caso de que ésta fracasara, como fracasó por el temporal del Cantábrico (como años atrás otro temporal nórdico desbaratara la gran expedición de la Invencible), la Corona Española no quería empeñarse en una indefinida ayuda económica y militar. Mas tampoco quería tener el Rey de España -como decía el marqués de San Felipe- “el sinsabor de insinuárselo al Rey Jacobo”. 

Nada tan discreto como esa jornada en Alcolea del Pinar, carente aún de camioneros y gasolinera con hostal, aunque a lo mejor tuviera algunos pinos entonces, y en un Gajanejos tan inhóspito y humilde como lo fue siempre, para que el Rey Jacobo III comprendiera la importancia de la ayuda que recibía de Felipe V y que éste no podía seguir otorgándole indefinidamente, necesitando, como lo probaba tal evidencia, consagrar con preferencia sus recursos para promover el desarrollo económico de comarcas tan desabridas cual las que a la vista estaban. 

Proclamaré, sin embargo, afanoso de no provocar los consabidos resquemores locales, que tales pueblos se caracterizan, según es costumbre, por las ancestrales virtudes de sus habitantes, la belleza de sus mujeres y su típica cocina regional. 

Prueba de esto último son los “siete platos a medio día y siete platos a la noche” que se le enseñaron “como mínimo” a Jacobo II, según consta en las cuentas que figuran en el Archivo del Palacio de Oriente, de Madrid, Sección de Historia, caja 118. 

En Alcolea del PInar comió el Rey de Inglaterra y pagó el Rey de España la cuenta siguiente: 

“Memoria del gasto en lugar de Alcolea, de orden del Señor Celador:

Ocho aves de zevo sesenta y quatro
Dos gallinas ordinarias
Dos perdices cinco Rs. 
Dos Zarzetas quatro y mº
Treze pichos a 16 qtos
Seis libras de manteca de vaca
Zinco libras de puerco
Veinte y ocho libras de vaca
Treinta y dos libras de ternera
Ziento y cinquenta huevos
Una Paria

Monte duz. es. y veintinueve Reales y 18 maravedises”. 

“Menú turístico” que le permitiría comprobar a Jacobo III que, a pesar de la aridez de los paisajes, aquí se le trataba “a cuerpo de Rey”. 

J. Antonio CANOVAS DEL CASTILLO

Encontrado en Gajanejos un alijo de más de 300 kilos de hachís

El pasado domingo, 12 de enero, la tranquilidad habitual de Gajanejos se vio ligeramente trastornada por una presencia poco usual de la Guardia Civil en las inmediaciones del pueblo. Algunas personas del pueblo fueron detenidas por miembros de distintas patrullas, cuando salían de caza o a coger olivas, preguntando destino, si eran o no del pueblo, etc.

Ayer martes supimos, a través del Twitter de Ser Guadalajara, que se había localizado, en las inmediaciones del cementerio de Gajanejos, un alijo de más de 300 kilos de hachís que unos narcotraficantes habían abandonado tras huir de la Guardia Civil y abandonar 2 vehículos en las inmediaciones del pueblo, junto a la A-2.

A continuación os mostramos la noticia publicada en Twitter:

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Y también la cobertura que han dado a la noticia distintos medios locales y nacionales:

Próximos eventos en Gajanejos: Carnaval y San Antonio

¡Buenas noticias!

La comisión de festejos nos comunica que ya se han cerrado las fechas para los próximos eventos festivos en Gajanejos:  el Carnaval se celebrará el sábado 15 de marzo, y las fiestas de San Antonio el fin de semana del 13 al 15 de junio.

Al parecer ya se está trabajando en la elaboración del programa del Carnaval 2014, así que en cuanto tengamos novedades, os las haremos saber a través de Gajanejos.com. Id preparando vuestros disfraces, ¡quedan sólo 2 meses!

Mientras tanto, podéis ir recordando los mejores momentos de los últimos Carnavales (Fotos Carnavales 2013) y las últimas Fiestas (Fotos Fiestas 2013).

San Antonio, fiesta mayor de Gajanejos

Gajanejos celebra sus fiestas patronales en honor a San Antonio de Padua.

La fiesta “oficial” es el día 13 de junio, si bien los festejos suelen tener lugar en fin de semana, el más próximo al día festivo, si bien, el día 13, aunque no caiga en fin de semana, siempre tiene lugar una misa y procesión.

Las actividades que se llevan a cabo durante las fiestas patronales son las típicas de un pueblo del tamaño del nuestro: verbenas, celebraciones religiosas, comidas populares, competiciones deportivas, etc.

Las fiestas suelen comenzar el fin de semana previo al día del patrono, con el montaje del escenario en la plaza, la comida de peñas, y el ya tradicional campeonato de mus.

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Llegado el fin de semana “grande”, la “actividad” suele empezar a partir del viernes por la tarde, cuando las peñas del pueblo (La Nevera, El Pikaron, El Duba, Los Bonanza y El Puntazo, por orden de antigüedad) empiezan a abrir sus puertas y prepararse para el fin de semana.

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La apertura oficial de las fiestas tiene lugar el viernes, al caer la tarde, con el pregón. No se trata de una costumbre histórica, pero así se ha hecho durante los últimos años, en los que hemos tenido pregoneros de todo tipo, al principio personajes ilustres y, en los últimos años, miembros de las peñas, los niños del pueblo, etc. Tras el pregón, el vino y las pastas dan comienzo a las actividades festivas. A medianoche, la verbena.

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El sábado por la mañana, después del pasacalles, se celebra la misa en honor a nuestro patrón, San Antonio de Padua. Tras la misa, se sortean los “maneros” en la puerta de la iglesia, y se saca al santo en procesión por las calles del pueblo (Plaza Mayor, calle de la Ermita, calle de la Solana, calle del Generalísimo, calle del Ejido, calle de la Iglesia y, de nuevo, Plaza Mayor) . Tras la procesión vuelven a sortearse los maneros para meter al santo a la iglesia, donde permanecerá hasta la misma fecha del año siguiente.

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Tras la misa, tiene lugar el “Baile Vermut”, en la plaza del pueblo.

En la tarde del sábado suelen tener lugar diversas competiciones (gymkhanas, partidos de fútbol, etc.) en las que las peñas del pueblo compiten para ganar un jamón, que habitualmente, gane quien gane, es degustado por todas las peñas.

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Por la noche se celebra, como es costumbre en las fiestas populares, la verbena.

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El domingo, después de la misa, suele tener lugar una comida popular, en el recién estrenado Pabellón y a continuación, actividades para niños o la actuación de alguna rondalla.

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Contadas así, de manera objetiva, las fiestas de Gajanejos son “una mas”, pero es cierto que la gente del pueblo, especialmente la gente joven, pero no sólo, las viven con mucho entusiasmo. El ambiente en todas las actividades es excelente, ya que por suerte la gente del pueblo en líneas generales tiene muy buena relación, y el espíritu festivo es en todo momento excelente.

Teodoro García Pastor, un gajanejero en Mauthausen

La Guerra Civil Española ha sido, con toda seguridad, el acontecimiento histórico que más ha marcado la vida de Gajanejos. Nuestro pueblo fue destruido en su totalidad durante el transcurso de la Batalla de Guadalajara, y muchos de los habitantes del pueblo se vieron obligados a refugiarse en otras localidades de la zona como Torija, Utande, Valdesaz, Atanzón, etc. y de la provincia de Cuenca (Campillo de Altobuey, Carboneras, Motilla del Palancar). La Guerra Civil dejó en Gajanejos muchas viudas, muchos huérfanos, muchas familias rotas; toda una colección de desgracias que, lamentablemente, no terminaron en el 39.

Es el caso de Teodoro García Pastor, nacido en Gajanejos entre 1908 y 1913 (según cuentan los que le conocieron) en el seno de una familia humilde, que residía en una casa cercana a la antigua Plaza Mayor (hoy Plaza del Pueblo Viejo), cerca de lo que en aquella época era el Ayuntamiento.

280px-KZ_MauthausenEn el transcurso de la guerra, nuestro paisano fue destinado a las cocinas instaladas por el ejército republicano en la localidad de Torija, desde donde se cree que fue enviado al frente del Ebro. Como tantos otros españoles, Teodoro debió seguir el camino del exilio hacia Francia, donde entraría en las Compañías de Trabajadores Extranjeros establecidas en el país vecino, para pasar desde allí al campo de Mauthausen, donde falleció el 30 de Julio de 1941 (con el nº de matrícula 1711). Junto a él, perecieron más de 60 guadalajareños, entre los que también se encontraban varios prisioneros nacidos en pueblos del Valle del Badiel:

Marcial Abad Valentín, con nº de matrícula 0009, natural de Muduex (no consta fecha de defunción).

Esteban Díaz Baides, con nº de matrícula 1153, natural de Ledanca, fallecido el 7 de Enero de 1942.

Julián Durante Marina, con nº de matrícula 1230, natural de Heras de Ayuso, fallecido el 13 de Abril de 1942.

Domingo García González, con nº de matrícula 1688, natural de Torre del Burgo, fallecido el 7 de Diciembre de 1941.

Pedro Solana Badre, con nº de matrícula 4317, natural de Heras de Ayuso, fallecido el 25 de Agosto de 1942.

¿QUÉ ES UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN?

Un campo de internamiento, de refugiados, de trabajo correctivo, de realojamiento, de concentración, es un espacio creado con el fin de internar en él, durante un período indeterminado de tiempo, a diversos grupos de personas a las que se desea mantener separadas del resto de la sociedad (normalmente aludiendo a razones políticas y/o raciales), y a las que se ha arrebatado el derecho a tener un juicio legal.

Los campos de concentración, en su concepto moderno, surgieron a finales del siglo XIX. Durante la Guerra de Independencia Cubana, los españoles los utilizaron para aislar a la población rural de la isla, evitando así que pudieran apoyar a los independentistas.

No obstante, han sido los campos de concentración nazis los que han tenido mayor repercusión histórica, debido a la gran cantidad de personas que fueron internadas en ellos y a la particular crueldad y dureza con que trataron a los internos, entre los que había un buen número de españoles.

ESPAÑOLES EN MAUTHAUSEN

A su llegada al poder, en enero de 1933, una de las primeras medidas tomadas por los nazis fue la creación de los Konzentrazionslager (KZ), amparados por un decreto ley que autorizaba los arrestos arbitrarios. La gestión de esos campos correspondía a las Schuzstaffel (SS), quienes implantaron en los mismos una brutal disciplina. Entre 1930 y 1940 se crearon 6 grandes campos de concentración en Alemania y Austria: Buchenwald, Dachau, Flossenburg, Mauthausen, Ravensbrück y Sachsenhausen, en los que fueron internados unos 25.000 prisioneros. El campo de Mauthausen se creó coincidiendo con la incorporación de Austria al Tercer Reich, en 1938, con la finalidad de exterminar, de una u otra forma, a todos los que entraran en él.

Se calcula que en abril de 1939 habían llegado a Francia unos 500.000 españoles, derrotados (pero no vencidos), en busca del exilio. Un año antes, el Gobierno francés había creado una red de campos de refugiados (Angulema, Vernet d´Ariege, Sainte Anne, Saint-Cyprien, Le Barcare, etc.) en los que iban internando a los republicanos españoles, así como a judíos y antinazis de otros países europeos. La mayoría de ellos acabaron alistándose en las llamadas Compañías de Trabajadores Extranjeros.

Con la ocupación de Francia por el ejército alemán, los republicanos que se encontraban en estas Compañías de Trabajadores Extranjeros pasaron a manos del ejército nazi, quien los mantuvo en los STALAGS, esperando indicaciones del gobierno de Franco. El 25 de Septiembre de 1940, Serrano Suñer, cuñado de Franco, en conversación con Hitler, decide entregar a los “rojos españoles” a la Gestapo, considerándolos “apátridas”, para que sean sometidos a trabajos forzados en campos de concentración.

España no os quiere; os ha arrebatado la nacionalidad, la razón de ser. Nadie saldrá vivo de aquí; estáis condenados a muerte sin juicio previo. La primera que os ha condenado es España.

MUERTOS EN VIDA

El campo de Mauthausen se encuentra ubicado en el centro del valle del Danubio, una zona de espectacular belleza paisajística, caracterizada por la dureza de su clima, con fuertes nevadas en invierno y veranos muy calurosos.

Como la mayoría de los campos de concentración construidos en la Alemania nazi, el de Mauthausen estaba estructurado en diferentes áreas: la Plaza de la Llamada, las barracas, el Revier, el crematorio, las cocinas y los edificios administrativos. Todo ello rodeado de un grueso muro, construido por los propios reclusos, que nunca llegó a terminarse.

Con el tiempo, el campo fue subdividido en partes, una de las cuales era el sub-campo de Güsen, donde se encontraban buena parte de los internos españoles.

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La mayoría de los deportados a Mauthausen trabajaban en la cantera, transportando piedras de hasta 50 y 60 kilos, subiendo y bajando sin descanso los famoso 186 peldaños que daban acceso a la Wiener-Graben. Estas piedras serían utilizadas para empedrar el campo y edificar el muro que rodeaba el recinto, así como para pavimentar las calles de algunas ciudades de Alemania y Austria, entre ellas las de la propia Viena. No en vano, este campo fue construido en Mauthausen por la existencia de la cantera. Otros eran “cedidos” a empresarios de la zona, que los utilizaban a cambio de una pequeña cantidad de dinero que entregaban a las SS. Una pequeña minoría de los prisioneros, aquellos que tenían un trabajo cualificado y necesario para los intereses de los alemanes, contaban con algunos privilegios respecto a los demás.

Después de unas 10 horas de trabajo, la comida que se suministraba a los prisioneros era extremadamente escasa, y solía consistir en una especie de sopa con verduras, patatas y algo de pan. Muchos caían desfallecidos diariamente por las penosas condiciones higiénicas, los trabajos forzados y la escasa alimentación.

En los barracones, los presos vivían en condiciones infrahumanas, hacinados, plagados de piojos, atacados por todo tipo de enfermedades. Al entrar al campo, se les asignaba un número, se les entregaba un traje a rayas, y se les despojaba de los pocos objetos personales que llevaban. A los republicanos se les colocó entonces un triángulo azul a la altura del pecho, y fueron llamados los rojos españoles. Dentro de todo este mundo de miseria y desolación, quedaba entre los prisioneros un lugar para la solidaridad. De esta manera, un grupo de españoles creó una especie de organización clandestina que se encargaba de ayudar a los más desvalidos.

La comunicación de los presos con sus familias fue totalmente nula hasta febrero de 1943, fecha en que las autoridades alemanas les concedieron el derecho a escribir una carta cada seis semanas, de unas 25 palabras y contenido familiar.

No es posible apuntar con certeza el número de españoles que perecieron en este campo, si bien es cierto que las cifras de deportados oscilan entre los 8.000 y los 9.000, de los que sobrevivieron entre 1.500 y 2.000.

LA LIBERACIÓN

Las tropas norteamericanas liberaron el campo el día 5 de Mayo de 1945, quedando los soldados profundamente impresionados por las condiciones de insalubridad y desnutrición en que se encontraban los internados en él. Los prisioneros fueron entonces trasladados al Hotel Lutecia de París, desde donde fueron progresivamente deportados a sus países de origen. Todos, menos los españoles, ya que el país no tenía un gobierno legal que pudiera representarlos. A partir de este momento, cada uno tomó su camino; algunos hicieron su vida en Francia, otros emigraron a América, y otros esperaron hasta que pudieron regresar a su tierra natal. Lo que todos comparten es el sello que deja la tortura, la deshumanización total, la desolación que en ellos dejó el holocausto, ese que todavía algunos dicen que no existió.

Desde esta página, dedicada al pueblo de Gajanejos, queremos rendir homenaje a Teodoro y a todos los hombres y mujeres, de todos los pueblos y ciudades del mundo, que murieron en maos de los nazis, y cuyo único “delito” fue estar en el lado de los perdedores.

Nuestra intención es dar a conocer este oscuro episodio de la historia europea y contribuir, de alguna manera, a que estas atrocidades no vuelvan a repetirse.

Más información: 
Mauthausen Memorial
Amical de Mauthausen