De la brutal tormenta que anegó la vega de Gajanejos

Un joven Luis Monje Ciruelo, corresponsal en Guadalajara del diario ABC, relata como en GajanejosArgecillaCaspueñas y otros pueblos de la zona, una gran tormenta arruina las cosechas. En el caso de Gajanejos, esta gran tormenta, que llegó a anegar la vega, se recuerda aún hoy. Os detallamos a continuación el texto íntegro. 

GUADALAJARA

LAS TORMENTAS Y EL SEGURO DE COSECHAS

Guadalajara 12 (de nuestro corresponsal). Como todos los años, invariablemente, las tormentas han hecho su temible aparición sobre la dorada topografía cerealista de la provincia. Coinciden precisamente con la máxima madurez de los cereales, cuando la espiga en sazón más fácilmente puede perder sus granos al ser golpeada por el granizo. En diez minutos hemos visto más de una vez perderse cosechas prometedoras que tardaron en hacerse nueve meses. En un instante muchos labradores pasan todos los años de la gozosa esperanza de una buena cosecha al doloroso estupor de una ruina casi total.

Y esto les sucede todos los veranos a un buen número de campesinos, seguramente a varios miles. En Guadalajara hay ya por lo menos media docena de pueblos  a los que las tormentas les han causado grandes pérdidas este año. Posiblemente asciendan a tres o cuatro millones, cantidad que si como valor absoluto no parece importante, como valor relativo supone el hundimiento económico de muchas modestas familias que esperan cada año el trigo de la cosecha para saldar deudas y efectuar pagos inaplazables.

Hace unas pocas semanas una sola tormenta, de cuyo paso hemos tenido la curiosidad de hacer un balance mediante los partes de la Benemérita remitidos al gobernador civil, causó daños irreparables en varios términos municipales. Se desplazó de NO. a SE. a lo largo de unos cincuenta kilómetros, en plena Alcarria: en Argecilla un rayo mató doscientas reses lanares e hirió a ciento treinta y ocho, con pérdidas valoradas en más de doscientas mil pesetas. Su propietario las tenía sin asegurar. En Gajanejos el granizo asoló una ancha franja del término y la arroyada que causó la tormenta inundó toda la vega y destruyó sus cultivos. No han sido valoradas las pérdidas, pero rebasarán el medio millón de pesetas.

En Caspueñas arrasó ciento cincuenta hectáreas de cereales el granizo y el arroyo Ungría destrozó los sembrados de judías y patatas de su vega; en Valdegrudas ocurrió lo mismo en setenta hectáreas de cereales y en la vega del arroyo Matayeguas. Los daños superan en estos dos términos el millón doscientas mil pesetas. La misma tormenta unos kilómetros más abajo causó la muerte de un campesino en Valfermoso del Tajuña, sobre el que cayó una chispa eléctrica, cuando se dedicaba a las faenas de la recolección.

Como esta tormenta hay muchas todos los años en España. Y si bien para salvar vidas humanas no hay más que la relatividad de unas precauciones divulgadas por lo meteorólogos, para evitar las pérdidas de cosechas producidas por las tormentas y otros riesgos no hay más solución que el seguro. En este sentido hemos escuchado a numerosos labradores su deseo de que se estableciera un seguro de cosechas colectivas, que resultaría más económico que el individual, hasta ahora excesivamente oneroso. El Servicio Nacional del Trigo, dicen, podría ser la entidad encargada de concertar este seguro, bien con empresas aseguradoras o con la propia Dirección General de Seguro directamente. Al agricultor no le importaría que le descontaran unos céntimos de cada kilo de trigo con tal de verse libre de los temores de las tormentas. No sabemos si esto será factible, pero hemos creido interesante recoger la sugerencia.

Luis MONGE CIRUELO