Gajanejos, ciudad de vacaciones

Un amigo de Gajanejos acostumbra a llamar a la aldea “Gajanejos, ciudad de vacaciones”, copiando el eslogan publicitario de un conocido complejo turístico de la costa mediterránea.

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En Gajanejos no hay ningún balneario de agua salada; tampoco hay parque acuático ni restaurantes. Por no haber, no hay ni piscina ni discoteca. Pero, sea por la crisis, sea por amor a la tierra, sea por lo que sea, Gajanejos es el lugar elegido por muchos, cada año, para disfrutar de unos días de descanso durante el verano. Y a nadie se le oye quejarse… Más bien todo lo contrario.

Aunque las opciones de ocio que la aldea ofrece podrían parecer escasas, ya que Gajanejos tiene sólo un bar, y ningún restaurante, ni bares de copas, ni piscinas, esto no parece ser un problema para que los que pasan (pasamos) el verano aquí tengamos ante nosotros un amplio abanico de cosas que hacer durante nuestras vacaciones en la Alcarria.

Uno de los aspectos más característicos de la vida en los pueblos son los “corrillos”. Improvisados a la mañana en cualquier rincón con sombra, y más organizados por las noches, son muchos los grupos de sillas y hamacas que reúnen en conversación a los vecinos de Gajanejos, sea en la pradera de la Solana o en la esquina del Egido con la calle San Antonio, o en la puerta del “bar de toda la vida”. Personas de distintas edades y profesiones, de distinto color político y equipo de fútbol, personas que en otro ambiente probablemente no se hubiesen sentado en la misma mesa, comparten impresiones, ideas y bromas haciendo el uso más social posible de los espacios públicos, ese que tanto se esta perdiendo en las grandes ciudades. Tal es la fuerza de esta “institución” que algunos corrillos han derivado en cenas y comidas que van ya casi convirtiéndose en una tradición.

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Hace años, décadas, la Vega de Gajanejos era un mosaico de líneas y formas geométricas formados por los huertos que los entonces agricultores (en activo o ya retirados) cuidaban y mantenían. Hubo un tiempo durante el cual los huertos fueron poco a poco viéndose abandonados y afortunadamente en los últimos años los huertos han resurgido, de modo que son ya unos cuantos, jóvenes y de mediana edad, los que han vuelto a sembrar tomates, pepinos y calabacines en los huertos de la Vega. Y es que lo mejor de los huertos no es el hecho de que estén de nuevo activos, que también lo es, sino el tráfico posterior de una casa a otra. “Te traigo unos calabacines”. “¿No has sembrado berenjenas? Yo te traigo un par de ellas”.

Si hay algo que da color y alegría al pueblo, durante el verano especialmente, son los niños. Esos locos bajitos que quieren estar en la calle de día y de noche, que hacen suya la plaza para jugar al escondite, que vuelan con sus bicicletas y que sacan todo el fruto a la libertad que supone estar en un pueblo en el que todo el mundo se conoce, en el que no hay peligros, en el que, como dice alguno de ellos “no hay normas”. Los niños en Gajanejos aprenden a relacionarse con personas de distintas edades, a jugar sin la vigilancia de un adulto, a recoger moras, a disfrutar de las cosas más sencillas. Ellos son, sin lugar a dudas, la alegría del pueblo.

Realmente cada cual disfruta el pueblo a su manera, disfrutando de la tranquilidad del mismo para lo que a cada uno mas le guste… Los jóvenes para disfrutar de las fiestas de los pueblos, los cazadores para salir al corzo o a la codorniz, los amantes del deporte para correr, montar en bici o salir a andar, los amantes de los toros para recorrer los encierros de los pueblos de la zona… En definitiva, que sin balneario de agua salada ni parque acuático Gajanejos es una perfecta “ciudad de vacaciones”.

¡Buen verano!

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