El antiguo Gajanejos

Todos hemos oído la triste historia de Gajanejos: fue destruido en la Guerra Civil, durante la Batalla de Guadalajara, en marzo de 1937 y, una vez terminada la guerra, la Dirección General de Regiones Devastadas se encargó de reconstruir el pueblo. Realmente, no fue sino erigido de nuevo. Pero ¿qué sabemos del antiguo pueblo de Gajanejos, aquel que se encontraba junto a la Nevera y El Picarón, mirando hacia el valle del Badiel?

raquel escarpa

Yo no tuve la suerte de conocerlo, pero sí he tenido la suerte de conocer a mucha gente que vivió en ese pueblo, gracias a cuyos testimonios he llegado a hacerme una pequeña idea. Seguro que hay muchos, muchos, muchos fallos, pero también es cierto que son pocos (más bien ninguno) los datos que tenemos de este “antiguo pueblo de Gajanejos”.

Antes de 1937, Gajanejos se extendía por la planicie alcarreña, tal y como lo hace ahora, pero mirando hacia el Valle del Badiel, en la zona hoy conocida como Pueblo Viejo. La Plaza (ahora del Pueblo Viejo) estaba presidida por una olma centenaria que desapareció, como la mayor parte de los olmos de la provincia, a causa de la enfermedad transmitida por los “escarabajos del olmo”. En esta plaza se encontraba, además, el edificio del Ayuntamiento. Parece ser que se trataba de un edificio sencillo, de dos plantas, con un Reloj.

carmelo

Mirando hacia el barranco, frente a la que hoy es casa de Simona y Francisco, se encontraba la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. El templo no era muy grande, y estaba precedido por un pequeño atrio con columnas. El interior era de una sola nave, rematada por un ábside que, al parecer, era de origen románico. Tras el altar, un retablo, probablemente de origen románico o gótico, muy similar al de la Ermita de Nuestra Señora de Mirabueno. En el interior del templo, había varias tallas de santos, entre las que se encontraban la de San Antonio de Padua, patrón de Gajanejos y San Pedro, titular de la iglesia. Además, había en la iglesia dos tallas de santas, que en el pueblo eran conocidas como “las maristelas”, que aparecían leyendo sendos libros, con la particularidad de que estaban colocados al revés.

En el camino hacia la vega del Badiel se encontraba (y sigue estando la ermita de la Soledad). Parece ser que este edificio fue el único que se construyó a semejanza del original, con su atrio, su artesonado de madera, etc. 

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